Entre una pila de sacos, el saco de boxeo

De pequeño fui un saco de huesos. Mi pobre madre se hartó de prepararme toda suerte de reconstituyentes, de cebarme como a un cerdo, de encomendarme a matasanos en una búsqueda desesperada por darle carnes a mis resecas estructuras. Con todo, y a diferencia de mis hermanos, nunca caí enfermo, que siempre andaban con los mocos colgando o aquejados de fiebres y calenturas.

Yo, entretanto, zascandileaba de aquí para allá sin parar, correteando de un lado para otro como un azogue que era. Mis padres me amenazaban con llamar al hombre del saco para que se me llevase si no dejaba de fastidiar a mis hermanos con mis bobadas y travesuras infantiles; cosa que en mi, poco efecto tenía: nunca tuve miedo a nada.

La metamorfosis

Crecí espigado y medio consumido pero, allá sobre los catorce años, se operó en mi constitución un cambio radical, y en poco tiempo era un joven atlético y musculado a quien lo de dar mamporros se le antojaba un pasatiempo deseable. De modo que, echando en saco roto los consejos de mi padre, me apunté a un Club de Boxeo próximo a nuestro domicilio.

Cada noche, al salir del taller mecánico en el que trabajaba como aprendiz por cuatro duros mal contados, me dirigía escopeteado a la sala del entrenamiento y me machacaba a lo bestia. La actividad física extrema me ayudaba a descargar adrenalina acumulada. Salía de allí totalmente renovado.

Existen principios propios de la cultura pugilística que deben seguirse a rajatabla como pueden ser ciertos hábitos de higiene, de alimentación y de actuación física que deben respetarse, pero que yo me saltaba sin miramientos. Mi entrenador, que era muy estricto, entraba a saco conmigo, pero jamás consiguió meterme en cintura. Nunca deseé formarme como boxeador profesional consumado, sólo buscaba divertirme y socializar; así que, lo mandaba a tomar por saco, y a otra cosa, mariposa.

Sacos de boxeo

De toda la utilería propia del entrenamiento: salto a la comba, footing, shadow boxing, pera, etc.; le saqué más rendimiento al saco de boxeo. Los sacos de boxeo permiten desarrollar la resistencia al impacto, la precisión del golpe y, también, el juego de pies. A veces, acababa a altas horas de la noche, tan reventado, que me tumbaba sobre un saco de dormir y me quedaba frito.

Resistencia, velocidad y fuerza, tres cualidades imprescindibles para un boxeador que pueden desarrollarse con los sacos de boxeo.

Ahora, que rayo los sesenta, soy acomodado propietario de una cadena de concesionarios a nivel nacional. Me llegaron muchas propuestas con promesas de éxito, pero yo, que nunca tuve madera de competidor, y sí de ambicioso, rechacé todas: siempre supe que la avaricia terminaría por romper el saco.

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